Los tres ‘Hágase’

Padrenuestro / María / Huerto de los olivos

¿Para quién soy yo?

Estas escenas no son solo bonitas: son un mapa de ruta para cualquiera que se plantee en serio cómo vivir con sentido. Si te estás preguntando por tu vocación, por tu proyecto de vida, por qué estás en este mundo… estos tres “hágase” pueden marcarte el camino.

«Una brújula para quien quiere tomarse en serio su vida, y también para quienes acompañan a otros en esa búsqueda.».
Comunidad Somos Hágase. Misioneros del Sagrado Corazón

1. Buscar un proyecto de vida con Dios

«Padre nuestro… hágase tu voluntad así en la tierra como en el cielo» (Mt 6,10)

Cuando rezamos esto, en realidad estamos diciendo: «Dios, quiero lo que tú quieres, porque sé que tu plan es mejor que el mío.»
Buscar tu vocación es justo eso: descubrir un sentido que no se quede en tus planes pequeños, sino que te abra a algo más grande.
En la pastoral vocacional, ayudamos a las personas a preguntarse de verdad:
¿Para quién soy? ¿Qué me hace vibrar? ¿Cómo encaja eso con lo que Dios sueña para mí?

Comunidad Somos Hágase. Misioneros del Sagrado Corazón

2. Escuchar lo que Dios quiere decirte

«Aquí está la sierva del Señor: hágase en mí según tu palabra» (Lc 1,38)

La respuesta de María no fue cómoda, pero fue libre y valiente. Escuchó, confió y se lanzó.
Eso es vocación: una actitud de escucha auténtica y un corazón disponible, aunque no se entienda todo.
También hoy, María nos inspira a decirle a Dios:
“Estoy aquí, dispuesta(o) a escuchar y a amar con todo lo que soy”.
Como decía el padre Chevalier:
«La voluntad de Dios lo es todo para María. Tengamos su mismo celo en hacer el bien que está en nuestras manos».

Comunidad Somos Hágase. Misioneros del Sagrado Corazón

3. Discernir incluso cuando cuesta

«Padre mío, si esta
copa no puede pasar sin que yo la beba, hágase tu voluntad» (Mt 26,42)

 

Este momento en Getsemaní es real, crudo, humano. Jesús también tuvo miedo, también dudó.
Pero eligió confiar. Y eso es el discernimiento: aprender a ver qué quiere Dios para ti, incluso cuando no es lo que habías imaginado.
Discernir tu vocación no es algo mágico ni rápido. Es un camino que mezcla oración, acompañamiento, dudas y mucha confianza.
Y cuando lo haces bien, descubres que la voluntad de Dios no aplasta, sino que libera. Que su camino no es fácil, pero sí el mejor para tu plenitud y tu felicidad real.

Un camino para ti… y para acompañar a otros
Estos tres momentos del Evangelio —estos tres “hágase”— son como una brújula para quien quiere tomarse en serio su vida, y también para quienes acompañan a otros en esa búsqueda.
Por eso los elegimos como sello de nuestro trabajo vocacional: porque resumen lo esencial.
Y porque creemos que el sueño de Dios para tu vida vale la pena. Mucho.

Latir no es opcional, es obligatorio.